La Viejita de Sonora

There is a woman in Sonora, México
who has a voice like cracked adobe.
She stands outside her casita at noon and sings
as loud as her small lungs will let her
into the still bright desert sky.
People think she is completamente loca.

But other people come
and they pay la viejita to sing their words.
She waits until the sun is as far away 
from the earth as it will get that day,
when you can hear how bright it is 
in a high, dry pitch. She walks onto the sand
y empieza a cantar.

It starts low,
in tone, pace, volume, height
until it grows and her words spiral, 
her words rise with the heat,
finding the high winds pushing north,

the winds that blow across the desert
and across the border to the wanting ears 
of fathers and brothers working in the north.
And in this way, Mexican women send words on the wind
to their husbands and sons, telling them it is ok,
we will see each other soon, I do love you
.

There are prayers and international calling cards,
but there is sand, bright sky, and nopales.
There is Western Union and wanting,
but there is a slow smile buried somewhere in the chest,
memories that wake before dawn
and a shadow that seems to share the work.
There is thirst and la migra,
there are rivers and protection.
There are words that come on the wind
telling them todo está bien, tranquilos, vamos a vernos prontito.

I don’t know any of this
because I have seen it.
I have never given her words
that she could pass to the wind.
I have never met la viejita de Sonora.
I only know her words because at midnight 
the desert stars are silent.

Standing outside my house on the border 
as a child, at midnight I listened 
to the voices that seemed to come from the arroyo
behind my house, Spanish voices 
on the breeze, I heard her sing.

And in the morning the Border Patrol 
would fill my nieghborhood, looking 
to grab rumours by the neck, pero 
se fueron. They would find nothing.

On the border, I decide
if the voices that I hear at midnight
are of inmigrantes in the arroyo behind my house
or if the midnight voices are the words on the wind, 
sung by la viejita.

Living on the border, I decide
between legends and laws,
between magic and realism.
I decide 
if I believe in sides
or believe in the wind.
If I believe in governments
or believe in people.

I choose people,
I choose the wind,
I choose beginning, not to end.

I choose the songs she sings,
I believe that words are wings,
people have always moved
and borders will be removed.

I choose people,
I choose the wind,
I choose beginning, not to end.
I choose people,
I choose the wind,
I choose the beginning
and I believe it’s us 
who will decide how all of this will end.

La Viejita de Sonora

Hay una mujer en Sonora, México
con voz como el adobe resquebrajado.
En la tarde, se para afuera de su casita
y canta tan alto como sus pequeños pulmones
se lo permiten hacia el brillante y tranquilo cielo
desértico. La gente cree que está completamente loca
Pero otros llegan y le pagan a la viejita para que cante sus palabras.
Ella espera hasta que el sol está tan lejos de la tierra
como lo estará ese día, cuando puedes escuchar
lo radiante que es en un tono alto y seco.
Ella camina sobre la arena y empieza a cantar.

Comienza grave, en tono, ritmo, volumen y altura
hasta que crece y sus palabras forman un espiral,
suben con el calor, y encuentran a los altos vientos
que son empujados al norte, y que soplan a lo largo
del desierto y a lo largo de la frontera hacia las ávidas
orejas de padres y hermanos que trabajan en el norte.
Y de esta manera, las mujeres Mexicanas envían sus palabras
en el viento, a sus esposos e hijos, y les dicen
que todo está bien, 

Vamos a vernos pronto, te quiero.
Hay oraciones y tarjetas para llamadas internacionales,
pero hay arena, un cielo brillante y nopales.
Hay Western Union y anhelos, pero hay una lenta sonrisa
enterrada en algún lugar del pecho, recuerdos
que despiertan antes del amanecer y una sombra
que parece untir la labor. Hay sed y está la migra,
hay ríos y protección. Hay palabras que llegan
con el viento que dicen todo está bien, tranquilos,
vamos a vernos prontito.

No sé nada de esto porque lo he visto.
Unnca le he dado palabras que pueda entregar
al viento. No he conocido nunca a la viejita de Sonora.
Sólo conozco sus palabras porque a medianoche
las estrellas desérticas están en silencio.

Parado afuera de mi casa en la frontera, de niño,
escuchaba a medianoche las voces que parecían
venir del arroyo detrás de mi casa,
voces en español en la brisa, la oí cantar.

Y en la mañana la Patrulla Fronteriza llenaba mi vecindario,
buscando atrapar rumores por el cuello, pero se fueron.
No encontraron nada.

En la frontera, decido si las voces que oigo a medianoche
son de inmigrantes en el arroyo detrás de mi casa,
o si las voces son palabras en el viento, cantadas por la viejita.

Viviendo en la frontera, decido entre leyendas y leyes,
Entre magia y realismo. Decido si creer en versiones,
o creer en el viento. Si creer en los gobiernos o creer en la gente.

Elijo a la gente, y elijo al viento.
Elijo el principio, no el final.

Elijo las canciones que ella canta,
creo que las palabras son alas,
siempre se ha movido la gente
y las fronteras serán removidas.
Elijo a la gente, elijo al viento,
elijo el principio y no finalizar.

Elijo a la gente,
elijo el principio y creo
que somos nosotros quienes
decidirán cómo termina todo esto.

Versión en español: Alvaro García