Three Times el Búho Speaks

The Student Movement, México, 1968
 

I. EL ZÓCALO, 27 AGOSTO

You cannot tell us to return home,
not tonight y no nunca.
We have 300,000 question marks
assembled in this plaza, arm-in-arm.
We have the railworkers,
we have the constitution,
we have climbed to ring
the bells of la catedral,
we have marched through
the worry of our mothers,
we have marched silently
through Cuauhtémoc, our half-a-million
lips holding this government to its word.

You cannot call us agitators,
for we know the agitators:
ignorance, hunger and misery.

II. TLATELOLCO, 2 OCTUBRE

La raza está acelerada, the government shares
the paranoia of its president.
Hermana, do you hear me? They tell us
we are the future and deny us the present,
we will not wait until we are seventy.

Hermana, who sent the helicopter?
Hermanita, who started the shooting?
Why did bayonets grin at screaming children?
What priest kept la iglesia shut as we were smearing against its doors,
and why is this ambulance not being allowed to pass,
to take your whitening body
to the government hospital?

III. EL MAR PACÍFICO, 4 OCTUBRE

Youth is the fertile soil of hope.
The hope that once grew of us
is the same esperanza that
now withers under bullets.

Know our mothers,
whose fleeing feet forget their shoes.
Know our sisters, whose revolution
is flowing easily out of them, faces down.
Know that our brothers are fed shadows
in some nameless place that they never believed in.

Celebrate for us, México,
the Olympics that start in a week.
Pueblo, open your eyes wide enough to enjoy
all the years which we will not see,

for our bodies are falling silently
from the dull military plane into the
waiting lulls of the dark Pacific.

Tres veces habló el BúhoEl Movimiento Estudiantil, México, 1968

I. EL ZÓCALO, 27 DE AGOSTO

No pueden decirnos que vayamos a casa,
no esta noche y no nunca.
Hemos reunido 300,000 preguntas en esta plaza,
y van tomadas del brazo.
Tenemos a los trabajadores ferroviarios,
tenemos la constitución y hemos subido
a la torre de la catedral a tañer sus campanas.
Hemos marchado a pesar de la preocupación
de nuestras madres, hemos marchado silenciosamente
por Cuauhtémoc, nuestro medio millón de labios forzando
al gobierno a cumplir su palabra.

No pueden llamarnos agitadores,
pues conocemos a los verdaderos:
la ignorancia, el hambre y la miseria.

II. TLATELOLCO, 2 DE OCTUBRE

La raza está acelerada,
el gobierno comparte
la paranoia de su presidente.
Hermana, ¿me escuchas?
Nos dicen que somos el futuro
y nos niegan el presente,
no esperaremos a cumplir setenta años.

Hermana, ¿Quién envió el helicóptero?
Hermanita, ¿Quién empezó el tiroteo?
¿Por qué las bayonetas les sonrieron a los niños que gritaban?
¿Qué sacerdote mantuvo la iglesia
cerrada mientras nuestra sangre
se embarraba en sus puertas,
y por qué no le permiten el paso
a esta ambulancia para llevar
tu pálido cuerpo al hospital público?

III. EL MAR PACÍFICO, 4 DE OCTUBRE

La juventud es el fértil suelo de la esperanza.
La esperanza que alguna vez albergamos
es la misma esperanza que ahora se marchita bajo las balas.

Conozcan a nuestras madres, cuyos
pies olvidan los zapatos al huir.
Conozcan a nuestras hermanas,
cuya revolucionaria sangre fluye
fácilmente de ellas, mientras,
boca bajo, yacen en el suelo.
Sepan que nuestros hermanos
se alimentan de sombras en un lugar
sin nombre en el que nunca creyeron.

Celebra por nosotros, tú, México,
las Olimpiadas que empiezan en una semana.
Pueblo, abre bien tus ojos para disfrutar
todos los años que no veremos,

pues nuestros cuerpos están cayendo
silenciosamente de un sombrío avión
militar a la adormecedora
espera del oscuro Pacífico.